Otros famosos ases del 16º GIAP se anotaron victorias con el
Yak-1 en el verano de 1942. Por ejemplo a Grigoriy Andreyevich
Rechkalov (izquierda) se le acreditaron seis derribos con el
Yak, de los cuales tres pueden confirmarse – un Fw.189A-1 del
5.(H)/12 el 2.07.1942, un Bf.109F-4 del I./JG 53 el 9.07.1942 y
otro ‘Friedrich’ del 3./JG 52 al día siguiente. Nikolay M.
Iskrin (derecha) fue acreditado con dos aviones enemigos
destruidos con el Yak-1, y el segundo fue muy importante: el
Ju.88A-4 del as de bombardeo Helmut Klischat, galardonado con la
Ritterkreuz (2./KG 51), derribado y muerto por Iskrin el 12 de
julio de 1942.
Además de escoltar a los Sujoi y Shturmoviks, el regimiento
también interceptó a los bombarderos y aviones de ataque al
suelo alemanes. Pese a las fuertes pérdidas y al cansancio, el
16º GIAP hizo pagar a la Luftflotte 4 un alto precio. Uno
de los éxitos más destacados de la unidad por esos días ocurrió
el 12 de julio, cuando Nikolay M. Iskrin obtuvo su tercera
victoria sobre Millerovo – el Junkers Ju.88A-4 W.Nr. 6635 del
Oberleutnant Helmut Klischat (2./KG 51), quién era un
experimentado as de bombardeo con cientos de misiones y estaba
galardonado con la Ritterkreuz. Klischat murió junto con
toda su tripulación.
Duelos de Titanes
El más duro de los combates de Pokryshkin ese verano aún estaba
por llegar. El 17 de julio de 1942 despegó junto con otros cinco
Yak-1 para escoltar dieciocho IL-2, y en un momento del combate
tuvo que batallar totalmente solo contra cuatro Messers".
Reproduzco aquí su relato de este combate.
Aleksandr I. Pokryshkin:
"Acompañábamos a dieciocho aeroplanos de asalto IL. Mi punto
y yo los cubríamos de cerca. De nuevo éramos dos en lugar de
cuatro, pues Komosa y su punto no despegaron. Las dos parejas
que conducía Figuichov volaban por encima de nosotros con carga
de bombas. Cuando los aviones IL acabaron el asalto, los
inmovilizadores descendieron también del "piso" superior para
arrojar las bombas. En ese momento, el más desventajoso para
nosotros, aparecieron los Messerschmitts. Una pareja de cazas
enemigos se lanzó contra los MiGs que picaban sobre el objetivo,
y otra, contra los aviones de asalto IL. Mi punto y yo nos
separamos. El fue en auxilio de nuestros "gavilanes"; yo
determiné cubrir a los de asalto.
Los Messers estaban muy cerca de mí. Esquivando mis ataques,
tomaron altura. Decidí perseguirlos.
Como siempre, los Messerschmitt
se retiraban hacia el lado del sol. Al principio yo veía bien
sus siluetas, pero momentos después noté que me quedaba en
seguida rezagado. Eso me extrañó: el Yak-1 no tenía menos
velocidad que el Me-109. No tardé en adivinar que contendía con
cazas del nuevo tipo Me-109F.
[En realidad sabemos hoy que contendía con los nuevos Bf.109G -
autor]
Miré abajo. Los nuestros ya no estaban allí. Por tanto, me había
quedado a solas con dos temibles rivales. Además, ellos se
hallaban en la parte del sol y tenían ventaja de altura. Al
comprender lo difícil de mi situación, incline mi aparato sobre
un ala para retomar hacia los míos. Pero no era tan fácil dejar
atrás a los Me-109F que pendían encima de mí. Me alcanzaban con
celeridad. No podía ni pensar en ayuda de ninguna clase. Sólo
podía confiar en mis propias fuerzas. Viré de cara a los Messers
y determiné mostrarles que no me disponía a huir y estaba presto
a pelear. Pero ellos no aceptaron el ataque frontal, tomaron
altura y volvieron a pender encima de mí como una espada
blandida.
¿Qué hacer? Ellos contaban con la ventaja de la altura y de la
velocidad. A mis pies, tierra ocupada por él enemigo. El
combustible escasamente me alcanzaba para llegar al aeródromo.
Si se me acababa, si yo fallaba el cálculo en algo, los
fascistas me acribillarían como a un simple blanco de tiro. No
me quedaba otro recurso que poner en juego la astucia.
Antes aún de que se me ocurriera nada, viré a oriente y metí
motor, exprimiendo de mi Yak toda la velocidad que podía dar.
Los Messerschmitts se lanzaron en pos de mí como dos flechas
disparadas con la cuerda del arco a máxima tensión. Se
encontraban ya a la distancia de fuego de puntería. Yo piqué
bruscamente. Del vertiginoso descenso, el aparato vibró, y los
oídos me dolieron como perforados. Los Messerschmitts, que se
hubieron rezagados, volvieron a alcanzarme. Los sentía ya a mis
espaldas. Sabía que el jefe de la pareja abriría fuego de un
momento a otro. En esos instantes recordé la maniobra que pulí
durante los vuelos en el Messerschmitt. Si me fallaba la
"voltereta", lo pagaría con la vida.
Hice bruscamente una candela. La sobrecarga me nubló la vista.
En el punto superior tomé la horizontal, virando sobre el ala.
En eso ocurrió precisamente lo que había calculado.
Adelantándome, un Messerschmitt quedó a unos cincuenta metros
delante de mí y en medio del retículo de mi colimador. Disparé a
quemarropa una ráfaga larga de cañón y ametralladoras. El Messer
pareció quedar colgado un instante en el retículo del visor y
luego, invirtiéndose, se desplomó. Por mi lado pasó, casi
rozándome, su punto. Yo me lancé en pos suyo, pero se veía que
él no tenía ganas de pelea. Eso a mí también me convenía. Seguí
con la mirada al Me-109F derribado hasta que estalló contra el
suelo, me metí en las nubes y tomé rumbo al este, al aeródromo.
Me preocupaba la escasa bencina que me quedaba. Si Figuichov no
había ajustado las cuentas a la otra pareja de Messers que
emprendiera la persecución de los aviones de asalto, yo podía
toparme con ella en su camino de regreso.
El rechinar de balas en el revestimiento de mi aeroplano me
despejó en el acto la cabeza. Con movimiento rápido y casi
maquinal de la palanca y los pedales hice un "tonel"
descendente. Yo había entrenado también hacía tiempo, en el
invierno, esta figura. No sé por qué me vino precisamente en
aquel instante a la imaginación. Quizá tuviera latente de
continuo la presteza a ejecutarla, pero no se me había
presentado antes ocasión propicia. El objeto de esta maniobra es
frenar el avión para dejar que los atacantes pasen adelante. Los
dos Messerschmitts me adelantaron por encima. Encabrité mi Yak y
disparé una larga ráfaga contra el guía. Los dos aparatos
contrarios tomaron bruscamente altura. Basta ya de tentar a la
fortuna. Dirigí el perforado Yak a las nubes y, mirando en
derredor, volé raudo al aeródromo. Llegué al fin al tranquilo
lugar de estacionamiento. Me quité el audífono y vi uno de los
auriculares arañado por una bala. La muerte había pasado a un
centímetro de mí."
Este combate es muy interesante,
porque a instancias de Christer Bergstrom, ahora sabemos quienes
fueron los pilotos que Aleksandr Pokryshkin derribó. El primero
de ellos fue el Unteroffizier Kurt Keiser, al que
Pokryshkin vió estrellarse, ya muerto, en la cabina de su
Bf.109G-2 W.Nr. 13488 (7./JG 52). El segundo fue el Feldwebel
Hans Dammers, de la misma unidad. No debe sorprendernos que haya
alcanzado a sorprender a Pokryshkin y dañado su Yak-1, ya que
era un experte con 113 victorias, que creyó que
Pokryshkin sería una fácil presa Nº 114. Ese dìa sin duda se
encontró con la horma de su zapato, ya que Aleksandr Pokryshkin
pudo reaccionar a tiempo, obligó al as teutón a sobrepasarlo con
su tonel descendente, y entonces acribilló su Bf.109G-2 W.Nr.
13435 a corta distancia. Aunque Sasha no lo supo en ese momento
(creyó solo dañarlo), el avión de Dammers había quedado herido
de muerte – el experte debió saltar antes de poder llegar
a su aeródromo. Esta vez a la Luftwaffe no le quedo más
remedio que aceptar estas pérdidas, incluida la derrota de uno
de sus Halte Asse.
El Feldwebel Hans Dammers (izquierda) del 7./JG 52 es
galardonado con la Ritterkreuz el 23 de agosto de 1942 por sus
113 victorias. Unos meses antes, el 17 de julio de 1942, Dammers
averió el Yak-1 de Aleksandr Pokryshkin, pero este invirtió los
roles y acribilló su Bf.109G-2 W.Nr. 13435 a quemarropa. Pocos
minutos después Dammers se vió obligado a saltar de su avión. No
tuvo mejor suerte el jefe del 15.(Kroat)/JG 52 Potpukovnik
Franjo Dzal (16 victorias, a la derecha) – el 28 de julio de
1942 también cayó bajo los proyectiles de cañon y ametralladoras
de Pokryshkin.
Dammers no fue el único as del Eje que sería derrotado por Sasha
durante la dura batalla por el cruce de los ríos Don y Manych,
en la cual del 1º Panzerarmee del Generalfeldmarschall
consiguió finalmente cruzar y penetrar en tromba en el
norte del Cáucaso. La VVS intentó desesperadamente evitarlo,
pero las pérdidas sufridas habían sido elevadas, y los
reemplazos eran pilotos novatos. Y sería la misión de los
veteranos como Aleksandr Ivanovich guiarlos y cuidarlos en su
bautismo de fuego. Eso lo pudo en rumbo de colisión directo
contra uno los mejores pilotos de la JG 52 en la zona:
Aleksandr I. Pokryshkin:
“Sobre el blanco, en un macizo forestal al sur del Krasnyy
Liman, los IL-2 lanzaron la mezcla incendiaria KS sobre la
concentración de tanques, y picaron sobre ellos disparandoles
con sus cañones. En ese momento se arrojaron sobre nosotros seis
Messerschmitt. El líder del grupo de Ilyushins, habiendo visto
al enemigo en el aire, aumentó la velocidad de salida lejos del
blanco. El orden de la formación de los diez Shturmovik se
desperdigó, lo cual hizo más dificil nuestra oportunidad de
proteger todo el grupo.
Nuestra pareja corría de un lado para el otro, evitando con una
barrera de trazadoras los ataques de los Messerschmitt.
Utilizando el método de ‘nozhnitsy’
[‘tijeras’ - autor] al mismo tiempo rechazábamos los golpes
contra nuestros Yak.
El adversario fue persistente. Impetuosamente atacba a los
Shturmovik y nosotros con Naumenko poco a poco comenzamos a
perder el orden de combate. Entonces no podríamos no solo salvar
a los IL-2, sino tampoco a nosotros mismos – nos derribarían
como a perdices. Era necesario encontrar una salida, abrirse
paso fuera del combate. Para esto había que derribar el líder
del grupo enemigo.
Una vez que determiné cual de los seis era el líder, sin prestar
atención a las trazadoras enemigas, me arrojé sobre el líder.
Este se estaba colocando detrás de uno de los Shturmovik.
Concentrado en el ataque, el alemán no se dio cuenta que lo
encañonaban. Abriendo fuego a quemarropa hacia el motor y la
cabina derribé al líder, y luego me escabullí lejos de las
trazadoras de los otros Messerschmitt, que se lanzaban para
atajarme.
En el grupo enemigo quedó estupefacto. Los ataques perdieron
intensidad, y rapidamente los cazas del oponente se retiraron
del campo de batalla.”
Analizando otras circunstancias de este período mencionadas en
las memorías de Pokryshkin, es posible estimar que este combate
ocurrió el 20 de julio de 1942. Y eso explica porque los
Messerchmitt se retiraron tan pronto como Pokryshkin derribó y
mató al líder alemán – porque este era el Leutnant Fritz
Brückmann, un experte del 9./JG 52 con 30 derribos hasta
ese momento. Queda claro que Brückmann murió al instante cuando
el fuego de cañon y ametralladoras de Pokryshkin impactó en la
cabina de su Bf.109G-2 W.Nr. 13476, el cual se precipitó a
tierra. En otro combate aéreo ese mismo día fallecería otro as
del eje – el croata Storzeni Narednik Veco Mikovich (ocho
victorias), volando el Bf.109G-2 W.Nr. 13411.
Y Brückmann no fue el último experte que Sasha derribaría
ese mes. El 28 de julio el Kapitan Pokryshkin guió a
inexpertos pilotos de otro regimiento de la 216ª IAD (el 45º
IAP) contra los puntos de cruce de la 3ª Panzerdivision
sobre el Manych.
Aleksandr I. Pokryshkin:
“Nos dirigimos hacia el Manych, donde el enemigo había
cruzado en el área de Vesiolyy. Los pilotos más jóvenes se
mantuvieron pegados a mí, a pesar de mis instrucciones de hacer
lo contrario, volando imprecisa y desordenadamente en la
formación. Todos permanecieron volando a la misma altura.
Cuando estábamos dando la vuelta desde el Manych luego de
nuestro ataque a baja altura, un grupo de cuatro Messerschmitt
cargaron contra nosotros desde atrás. Dí a mis hombres la orden
de atacar, y giré para enfrentar al enemigo. Pero en vez de
seguirme, mis pilotos cerraron filas y se dirigieron a casa a
toda velocidad. Los Messerschmitt fueron trasellos sin siquiera
prestarme atención. Tiré del gatillo, disparando al enemigo a
bocajarro y derribé a uno de ellos. Los tres restantes se
lanzaron contra mí, y a duras penas logré eludir sus ataques. Ni
siquiera entre los pilotos más jóvenes de mi regimiento había
visto yo semejante huída organizada.”
Sus oponentes ese día fueron sus viejos conocidos los croatas
del 15.(Kroat)/JG 52. En los días anteriores estos, junto con el
I./JG 52, se habían enzarzado con formaciones de aviadores
soviéticos novatos, y su jefe, el Potpukovnik Franjo
Dzal, había derribado a varios – tenía 16 victorias en su haber
en ese momento. Viendo que la mayoría de sus adversarios ese día
también estaban “verdes”, Franjo Dzal quiso repetir sus éxitos.
Pero esto lo hizo subestimar al piloto del único Yak-1 que
aceptó pelear, y Sasha Pokryshkin le hizo pagar ese exceso de
confianza – una sola ráfaga de 20 mm y 12.7 mm a quemarropa
bastó para que Dzal resultara herido y tuviera que saltar de su
Bf.109G-2 W.Nr. 13436 en llamas. Pokryshkin había demostrado
claramente en tres ocasiones que podía medirse de igual a igual
con cualquier as del Eje, y salir victorioso de esos Duelos de
Titanes.
Defendiendo el Cáucaso
Durante la última semana de julio el 16º GIAP sufrió la
descorazonadora experiencia de tener que ir cambiando de
aeródromo cada pocos días, siempre en retirada hacia el sur,
hacia el Cáucaso. Uno de estos aeródromos fue el de Kropotkin,
al que llegaron el 1º de agosto de 1942. No habìan terminado de
llegar, cuando la ciudad se vió bajo el ataque de los Ju.88
germanos.
Aleksandr I. Pokryshkin:
“Este día nos trasladábamos más al sur aún, desde donde se
veían ya los montes del Cáucaso. Creyérase que el Frente estaba
ya tan lejos de nosotros que podríamos tener tranquilidad, al
menos, de noche. Pero no pudimos descansar. Tan pronto como
aterrizamos, y metimos los aeroplanos en las taponeras, se
divisó en el cielo una escuadrilla de Junkers.
Cerca de nuestro aeródromo tenía el suyo un regimiento de cazas
de la PVO. Podíamos confiar en la ayuda de nuestros vecinos. Y
la necesitábamos mucho pues nos quedaba poco combustible, y las
municiones casi las habíamos agotado también durante el asalto.
Pero no es de soldados de la Guardia esconderse en lugar seguro
cuando los bombarderos enemigos vuelan hacia una ciudad.
Nuestra aparición en el aire fue una sorpresa para los alemanes.
Estaban acostumbrados a campar allí impunemente por sus
respetos. Dispersamos al enemigo, atacándolo con intrepidez, y
lo obligamos a arrojar las bombas de cualquier manera. Volvimos
al aeródromo sin proyectiles y con las últimas gotas de
combustible. El jefe del regimiento, que vino en una camioneta
con la plana mayor, aprobó el que hubiésemos obrado por nuestra
cuenta.”
Ni Pokryshkin ni ninguno de sus compañeros reclamaron victorias
en ese combate, solo afirmaron que obligaron a los Junkers a
arrojar sus bombas antes de llegar al blanco. En realidad,
habían hecho bastante más que eso, ya que la propia Luftwaffe
reconoce que ese dìa sobre Kropotkin perdió dos bombarderos a
manos de cazas soviéticos. Parece claro entonces que Sasha
descargó toda su munición sobre uno de estos Junkers (quizás el
Ju.88A-4 W.Nr. 144092, del III./LG 1) y lo dañó en tal grado,
que su piloto el Oberfeldwebel Helmut Grubert acabó
perdiendo el control sobre las líneas germanas y estrellándose,
muriendo Grubert junto con los otros tres tripulantes de su
aparato. El otro bombardero, el Ju.88A-4 W.Nr. 5055 (3./KG 51),
tuvo incluso peor suerte al ser atacado por Arkadiy Vasilyevich
Fiodorov – toda su tripulación, incluido el piloto
Unteroffizier Hans Kühl, está listada en las fuentes
alemanas como desaparecida en acción.

Aleksandr Pokryshkin inspecciona los restos de un Fw.189 abatido
por pilotos de su regimiento en el invierno de 1943-44.
Pokryshkin y sus compañeros sabían que ese éxito tenía un
precio: ahora los alemanes sabían que había cazas soviéticos en
el aeródromo de la ciudad, y por lo tanto ellos serían el
siguiente blanco de la Luftwaffe. Y contraviniendo las órdenes
del nuevo comandante del regimiento Isayev, decidió prepararse
para darles una cálida bienvenida. El propio Pokryshkin recuerda
en que circunstancias:
Aleksandr I. Pokryshkin:
Cuando conversamos junto a los camiones, se acercó a nosotros un
viejo pastor y empezó a observarnos, lleno de curiosidad.
Alguien le preguntó en desabrido tono castrense qué quería. El
viejo se ajetreó, al recordar que había dejado el rebaño solo,
pero no se dio prisa en marcharse. Al fin se atrevió a
preguntar, quitándose el sombrero de paja de la canosa cabeza:
— Hijos míos, ¿entonces vais a poner coto en el cielo a los
alemanes?
Nos llegó a nosotros la vez de mirarlo a él con curiosidad.
— Abuelo, ¿es que vuelan por aquí a menudo? —le interrogué.
— Pues claro. Esos malditos no nos dejan ni a sol ni a sombra.
Todas las mañanas tiran bombas y queman nuestra ciudad.
— ¿Todas las mañanas?
— Sin dejar una, hijo mío, vuelan y vuelan.
Si el pastor hubiese sido una persona observadora, se habría
dado cuenta, por nuestra pinta y por el número de aeroplanos que
había en el aeródromo, de lo cansados que estábamos y de las
pocas fuerzas que teníamos para "poner coto”. Pero era viejo
para comprenderlo por sí solo, y nosotros no teníamos por que
sinceramos con un pastor y defraudar sus esperanzas en la
tranquilidad.
— ¡Está bien, abuelo, les quitaremos esa costumbrita! —le dijo
Fiódorov, respondiendo por todos.
— ¡Si lo hicierais, queridos míos, si lo hicierais! Darles un
escarmiento. ¡Porque mirad hasta dónde han llegado los asesinos!
El viejo se puso el sombrero y se fue con paso presuroso bacía
el rebaño. Nosotros lo miramos alejarse en silencio.
De la chabola del puesto de mando salió el comandante
Isayev.
— ¿De qué habláis? —preguntó.
— El viejo dice que los alemanes vuelan todos los días sobre la
ciudad —repuse yo—. No estaría mal elevarnos por la mañana y
salirles al paso.
— Eso no es asunto nuestro. Para eso están los cazas de la PVO.
Ellos sabrán mejor dónde y quién ha de salirles al paso.
Nosotros tenemos bastante con la faena en el Frente.
Por las caras de los muchachos comprendí que no compartían la
opinión de su presuntuoso jefe. Si dejábamos a los fascistas
volar todos los días sobre la pequeña ciudad, tampoco tendríamos
nosotros sosiego.
Cuando, pasado un rato, fuimos al comedor a cenar, dije por lo
bajo a los muchachos de mi escuadrilla: "Hoy pasaremos la noche
en el aeródromo". Decidí dejar toda la noche a los pilotos junto
a los aparatos. Primero, porque no estaríamos sujetos a la
camioneta que nos traía al aeródromo. Y segundo, porque si
veníamos con Isayev, él no nos permitiría elevarnos para
interceptar a los Junkers. Todos los pilotos accedieron. Les
había entusiasmado también la idea de atacar de repente a los
bombarderos enemigos.
Dormimos en la arboleda. Poco antes de amanecer, los desperté a
todos. Decidimos quedarnos dos de guardia, y los otros tres
dormirían bajo las alas de sus aviones.
Amaneció. Se cansaba uno de estar sentado en la cabina, pues
dolía la espalda. Salí del aparato y, sin quitarme el
paracaídas, me tendí en el ala.
— ¡Ya vienen! —gritó de pronto Chuváshkin.
Me introduje de un salto en la cabina, puse el motor en marcha y
conduje el aparato a la línea de salida. Detrás de mí despegaron
Berezhnói, Fiódorov, Verbitski y Naúmenko.
Ya en el aire vi que nueve Ju-88, acompañados por diez Me-110,
llevaban rumbo al aeródromo de la PVO y a la ciudad. Tras la
primera escuadrilla de cazas iban otros quince Me-110. Al ver
despegar a nuestros Yaks, estos quince cazas fascistas viraron
hacia nuestro aeródromo. Atacamos sobre la marcha a los
bombarderos enemigos, ya que eran los que más cerca estaban de
su objetivo.
Sin reparar en la superioridad del enemigo, mis pilotos no
dudaban en exponer la vida. En el suelo estallaban las bombas
arrojadas sin orden ni concierto por los fascistas y los
aeroplanos alemanes derribados. La sorpresa y la audacia de los
ataques nos dieron el éxito. No dejamos pasar a los Junkers a la
ciudad y los perseguimos mientras tuvimos municiones.
Fiódorov y su patrulla hicieron frente al segundo grupo de
quince cazas enemigos en los accesos a nuestro aeródromo. Varios
Messers lograron abrirse paso al objetivo, pero sus bombas
cayeron en las caponeras vacías. Además, no pudieron dar pasadas
de asalto, pues se lo impidieron nuestros cazas.
En ese combate derribamos cinco aviones enemigos. Nuestras
pérdidas se redujeron a un aparato averiado que se quedó en
tierra y fue "desguazado" por una onda explosiva.
Tan pronto como retornamos al aeródromo y dejamos los aparatos
en sus caponeras, al puesto de mando llegaron, uno tras otro,
dos automóviles. Conocimos en seguida el todoterreno del jefe
del regimiento. Pero en el coche junto a él, ¿quién habría
venido? "Vaya revuelo que hemos armado", pensé. "La bronca que
me va a echar Isayev
por obrar a mi antojo".
Delante del puesto de mando nos esperaban el general Shevchénko,
jefe de la división, el comisario Máchnev y el comandante
Isayev. Resultaba que el jefe de la división había venido a
leerle la cartilla a alguien porque el regimiento no se había
elevado al encuentro de los Junkers. Había tomado a los Yaks que
evolucionaban en el aire por los de la PVO. Y al ver en el
aeródromo los embudos de las bombas, el general empezó a
chillarle a Isayev:
— ¿Es que ha venido usted aquí a aguardar sentado?
Mi escuadrilla formó delante del mando. Yo di al jefe del
regimiento las novedades del vuelo realizado y de los aviones
derribados.
— ¡Pero si han sido los míos quienes se batían, camarada
general! —exclamó, contento, Isayev—. Los míos, y no los del
regimiento de la PVO. Esos ni han despegado.
Poco después, el general Vershínin, jefe del ejército aéreo,
telefoneó al aeródromo. Mandó presentar para condecoraciones a
todos los que se habían distinguido en este servicio.”
Desgraciadamente parece quedar claro hoy que Pokryshkin y sus
compañeros no abatieron cinco aviones enemigos en ese combate (o
al menos los documentos alemanes no muestran estas pérdidas,
probablemente porque fueron registrados en otras fechas o
simplemente porque están incompletos, cosa que ocurre con
frecuencia), pero de todos modos las pérdidas que infringieron
ese 2 de agosto de 1942 al Fliegerkorps IV fueron serias:
Sasha derribó el Bf.110D-4 W.Nr. 2262 del 7.(H)/LG 2 – sus
tripulantes, Oberleutnant Walter Köhler y Feldwebel
Johann Pfahl, ambos perecieron al precipitarse su
Zerstörer en llamas a tierra. Y fue de nuevo Arkadiy
Fiodorov quien abatió un segundo aparato alemán ese día: el
Junkers Ju.88A-4 W.Nr. 144088 del Oberleutnant Ecklehard
Klamrotz (Stab III./KG 51). Klamrotz y toda la tripulación
falleció al estrellarse el bombardero. Sin sufrir pérdidas
propias, Pokryshkin y sus compañeros habían derribado estas
aeronaves y causado la muerte a media docena de aviadores
enemigos.

Durante su descanso forzado en Bakú a fines de 1942 (el nuevo
comandante del regimiento, Isayev, pretendía sin razón hacerle
una corte marcial por insubordinación) Pokryshkin tuvo su
compensación a tantos sinsabores: conoció al amor de su vida y
futura esposa Mariya. Esta foto fue tomada en el Hotel CDKA,
durante la estadía de
los recién casados en Moscú (febrero de
1944).
Poco días más tarde el 16º GIAP fue retirado del combate,
enviado a Bakú para proveer descanso a sus agotados pilotos, y
para ser reequipado. La unidad, junto con varias otras de los 4º
y 5º VA (Ejércitos Aéreos) y la VVS ChF (Fuerza Aérea de la
Flota del Mar Negro) habían jugado un papel vital en ralentizar
el avance de la Wehrmacht en el Cáucaso, en un momento en
que parecía que finalmente tomaría los pozos petrolíferos de
Maykop, Grozni y Bakú. Gracias a los sacrificios de estos y
muchos otros hombres, esto no ocurrió, y los sueños de conquista
de Hitler se tornaron en una pesadilla.
Consideraciones Finales
Las siete victorias de Pokryshkin como “as de Yak-1” tienen
algunas particularidades:
o
Cinco de ellas no le fueron oficialmente acreditadas, o sea no
forman parte de la lista de 59 victorias aéreas que constan en
su hoja de condecoración. Me ha sido posible confirmarlas
comparando sus memorias con las pérdidas conocidas de la
Luftwaffe en el área en que él combatió.
o
El propio Pokryshkin no reclamó algunas de ellas: De los dos
Bf.109G abatidos el 17.07.1942, Sasha Pokryshkin reclama solo
uno (al otro lo consideró solo dañado) y no menciona en lo más
mínimo el Ju.88 derribado el 1.08.1942.
Eso habla mucho de la confiabilidad que tiene Pokryshkin en sus
reclamos: si se le confirman derribos de los que él no habla o
que consideró solo averiados, entonces cuando él dice "lo
derribé, estoy seguro", es un 99,9% seguro que en efecto
derribó a ese avión enemigo. Es uno de los ases de la 2GM con
tasa de confirmación más alta. Algo que no puede decirse de
Erich Hartmann, por poner algún ejemplo.
También parece que este período en que piloteó el Yak-1 (abril a
agosto de 1942) Pokryshkin refinó muchas de sus tácticas. Por
ejemplo, comenzó a utilizar ampliamente la ýòàæåðêà (etazherka =
estantería) – o sea que la escuadrillas se divideran en varias
parejas o varios zveno (zveno = grupo de 4
aviones) y que volaran a distintas alturas para proporcionarse
mútua cobertura y protección. También en este período comenzó a
desarrollar ampliamente su fórmula âûñîòà-ñêîðîòü-ìàí¸âð-îãîíü (vysotá-skórost-manióvr-ogón
= altura-velocidad-maniobra-fuego), aunque solamente pudo
formalizarla durante su período de descanso forzado en Bakú.

“Estantería del
Kuban” (o “Escalera del Kuban”, como a veces la llaman en
Occidente),
la formación táctica ensayada por Pokryshkin en el
verano de 1942, y que fuera
clave para los éxitos del 16º GIAP
sobre el Kubán en abril-junio de 1943.
Para finalizar, hemos de decir que valorar el mérito de
Pokryshkin mirando exclusivamente su cuenta de derribos es un
error. En primer lugar porque aviones no fue lo único que
destruyó Pokryshkin, dado que realizó una gran cantidad de
ataques a tierra, cosa que se practicaba mucho en VVS durante el
primer periodo de la guerra. En segundo lugar, hizo una
importante cantidad de misiones de reconocimiento, las cuales
tuvieron una importancia crucial. En tercer lugar,
Pokryshkin fue un gran profesor, reformador, organizador y
táctico, por tanto su mayor merito fue éste, y sus “kills”
pueden considerarse más bien como una base práctica sobre la
cual Pokryshkin desarrolló e implementó sus reformas y tácticas
del combate aéreo moderno.
No hemos de olvidar que el daño directo, causado al enemigo, no
solo se mide en aviones derribados. Ya que hablamos del periodo
inicial de la guerra, veamos la hoja de condecoración,
presentada con fecha de
23 de abril de 1943, en la cual consta
(Fragmento 1):
“Realizó con éxito 354 vuelos de combate sobre el campo de
batalla, de los cuales fueron:
- en misión de asalto a las
tropas enemigas: 62;
- en misión de reconocimiento de
las tropas enemigas: 202;
- en misión de escolta: 37;
- en misión de patrulla: 36;
- en misión de cobertura a las
tropas: 17.
Participó en 54 combates aéreos,
en los cuales derribó personalmente 13 aviones y 6 en grupo, en
concreto: 3 Me-110, 10 Me-109, 4 Ju-88, 1 He-126, 1 PZL-24”.
En el mismo formulario consta que durante los ataques a tierra
Pokryshkin eliminó (Fragmento 2):
“- vehículos con municiones y
cargas diversas: 45;
- piezas de artillería de diverso
calibre: 7;
- vagones ferroviarios: 10;
- soldados y oficiales: más de
200”.
Llama la atencion que en este periodo de la guerra, de las 354
misiones de combate que realizó Pokryshkin, 75% fueron misiones
de reconocimiento (que dieron resultados importantísimos para el
mando del Frente) y ataques a tierra.

Fragmento 1 del formulario de presentación para la primera
Estrella de Héroe de la URSS.

Fragmento 2 del formulario de presentación para la primera
Estrella de Héroe de la URSS.
Asumo que muchos de los lectores habrán visto el film Diario
de Motocicleta, en donde el actor mexicano Rodrigo de la
Serna encarna a un muy joven Ernesto Guevara durante su primer
viaje por toda America Latina en 1953. Se ha dicho, con razón,
que fue en ese viaje cuando Ernesto Guevara de la Serna empezó a
transformarse en en el Che. Algo parecido ocurrió aquí:
en las duras batallas sobre el Donets, el Manych y el norte del
Cáucaso en el verano de 1942, mientras volaba el Yak-1,
Aleksandr Ivanovich Pokryshkin comenzó a transformarse en
Sotka.
Victorias conocidas de Aleksandr Ivanovich Pokryshkin volando el
Yak-1

Texto en rojo
= Pérdidas que la Luftwaffe acredita a una causa distinta
que el combate aéreo.
Texto en azul
= Victorias que no le fueron oficialmente acreditadas a
Pokryshkin pero confirmadas por la Luftwaffe.

El autor frente a la tumba de Aleksandr Pokryshkin en el
cementerio de Novodevichi, Moscu, 30 de julio de 2007
FUENTES:
o
Aleksandr
I.
Pokryshkin,
Ïîçíàòü ñåáÿ â áîþ. "Ñòàëèíñêèå Ñîêîëû" ïðîòèâ àñîâ Ëþôòâàôôå.
1941-1945 ãã.
(Poznat sebya v boyu. ‘Stalinskie Sokoly’ protiv asov
Luftwaffe. 1941-1945 gg.
= Conocerse a sí mismo en combate. ‘Los Halcones de Stalin’
contra los ases de la Luftwaffe. 1941-45). ZAO Tsentrpoligraf,
2010.
o
Mijail
Yurevich
Bykov, Àñû
Âåëèêîé Îòå÷åñòâåííîé Âîéíû. Ñàìûå ðåçóëüòàòèâíûå ë¸ò÷èêè
1941-1945 ãã. (Asy
Velikoy
Otechestvennoy
Voyny.
Samye rezultativnye liotchiki 1941-45 gg = Ases de la Gran Guerra Patria. Pilotos con los
mejores resultados 1941-45”), Editorial Yauza-EKSMO, Moscú,
2008 – Cortesía de Torero.
o
Christer Bergstrom & Andrey Mijailov, Black Cross–Red Star.
Air War over the Eastern Front.
Volume 2. Resurgence. January-June 1942. Pacifica
Military History, 2004.
o
Prien, Jochen - Stemmer, Gerhard - Rodeike, Peter - Bock,
Winfried: Die Jagdfliegerverbände der Deutschen Luftwaffe
1934 bis 1945 - Teil 9 Tielband II Wom Sommerfeldzug 1942 bis
zur Niederlage von Stalingrad 1.5.1942 bis 3.2.1943, Struve Druck 2006. – Cortesía de Jan Safarik.
o
Christer Bergstrom, Andrey Dikov & Vlad Antipov, Black
Cross – Red Star. Air War over the Eastern Front. Volume 3.
Everything for Stalingrad. Eagle Editions Ltd., 2006.