VVS >> Otros articulos >> Yakovlev
 
 
ALEKSANDR SERGEEVICH YAKOVLEV
 
"LA META DE MI VIDA"
 

 

DOMODEDOVO

 

EI 9 de julio de 1967, en conmemoración del Día de la Flota Aérea de la URSS, se celebró un festival de aviación. A diferencia de los anteriores por primera vez tuvo lugar no en Túshino sino en Domodedovo, nuevo aeródromo cercano a Moscú. Túshino, era entrañable para mí y al que están unidos para siempre los recuerdos de la juventud de la aviación soviética, ya no estaba en condiciones de recibir en su campo verde los modernos y veloces aviones. El viejo Túshino se ha quedado estrecho: la nueva técnica aviadora necesita amplio espacio en el cielo y en la tierra.

 

El 9 de julio, por la mañana temprano, las caravanas de omnibuses y automóviles partieron de Moscú para el soberbio aeropuerto construido recientemente. Centenares de miles de moscovitas y visitantes llegados de distintas ciu­dades de la Unión Soviética y del extranjero acudieron a ver los progresos de la aeronáutica soviética y la pericia de los pilotos. El tiempo esplendido, la música y las banderas flameantes creaban el ambiente exaltado y solemne de las grandes fiestas. Un mar humano inundaba la anchurosa explanada de hormigón frente al edificio del aeropuerto. En la tribuna presidencial se hallaban los dirigentes del Partido y del Gobierno, constructores y jefes de las Fuerzas Aéreas y de la Aviación Civil. Como siempre en las fiestas de avia­ción, se hallaban presentes prohombres de la capital, el activo de Moscú, así como el Cuerpo Diplomático y nume­rosos agregados militares de Tierra, Mar y Aire.

 

La fiesta comenzó a las diez en punto. La iniciaron pilotos militares en cinco cazas reactores supersónicos. Con su impetuoso vuelo y con el ensordecedor rugido de sus motores pareció que rajaban el cielo. Luego dos numerosos grupos de aviones Yak-18 sobrevolaron el aeródromo formando primero la palabra LENIN y luego el número 50. Surcaron uno tras otros helicópteros portadores de las ban­deras de la Unión Soviética y de las repúblicas federadas, y de maquetas de distintas cosmonaves, estaciones espaciales y spútniks lanzados en nuestro pais.

 

EI programa de la fiesta fue amplio y más variado que nunca. Acrobacia de alta escuela en aparatos de reacción y desfile de una columna de aviones de combate supersónicos, un grandioso desembarco de paracaidistas, helicópteros, aviones agrícolas, desembarco de cincuenta muchachas paracaidistas, acrobacia de alta escuela en Yak-18P, brillante exhi­bición efectuada por el campeón mundial V. Martemiúnov y por la recordista mundial N. Projánova. Hubo también apa­ratos de la aviación civil y por último una exhibición en vuelo de los últimos modelos de aviones militares y civiles.

 

He asistido a todas las fiestas en honor del Día de la Flota Aérea de la URSS (y he participado en la mayoría con mis aviones). He presenciado también distintas exhibi­ciones aeronáuticas en Inglaterra y Alemania, Italia y Francia. Y esto me da derecho a comparar. Debo decir que la fiesta de 1967 en Domodedovo superó a todo lo visto. Fue una verdadera revista de la aeronáutica del siglo reactor. La inmensa mayoría de los aparatos fueron exhibidos por primera vez. Reunidos y mostrados con acierto causaban una impresión colosal y en muchos espectadores, en los extranjeros sobre todo, una impresión aturdidora.

 

La culminación de la fiesta, su número cumbre, fue la exhibición de obras maestras de la técnica moderna: el avión de despegue y aterrizaje vertical y dos aviones de ala sagi­tal variable en vuelo.

 

Cuando el locutor anunció: "¡Atención A la derecha se prepara para el vuelo un aparato de despegue y aterrizaje vertical. Lo gobierna el piloto Mujin, Héroe de la Unión Soviética", las miradas de decenas de miles de personas se fijaron en un avión plateado de pequeño tamaño. Rugieron los motores reactores y el aparato se elevó sin carrera, ver­ticalmente, corno un helicóptero y quedó pendiente en el aire. Sólo cuando alcanzó unos cincuenta metros de altura el avión empezó a acelerarse poco a poco y, plegando el tren de aterrizaje, pasó como una exhalación sobre las tribunas.

 

El aparato describió un círculo con la celeridad del rayo y empezó a frenar, se vio cómo el piloto extendía el aterrizador. Al llegar al lugar del aterrizaje el avión quedó un instante inmóvil a la altura de cincuenta metros, viró 180° y descendió verticalmente tomando tierra con la mayor sua­vidad. Se posó exactamente en su sitio, sin carrera. El público saludó con tempestuosos aplausos este avión excep­cional que reúne las cualidades del veloz avión reactor y del helicóptero.

 

Puede decirse que nuestro primer avión reactor de des­pegue y aterrizaje vertical ha iniciado una nueva etapa en el desarrollo de la Flota Aérea. Se acerca el día en que los raudos aparatos no necesiten aeródromos grandes y caros y les baste cualquier punto del suelo para despegar y ate­rrizar. Se ha demostrado una vez más que la aviación como veloz medio de transporte tiene un gran porvenir.

 

Así lo confirmó también la exhibición en Domodedovo de los dos aviones de ala sagital variable en vuelo. Estos aparatos ligeros de pequeñas dimensiones tan pronto pasarían a enorme velocidad cerrando las alas hacia la cola como las abrían cual un planeador y evolucionaban lentamente sobre el aeródromo.

 

Al despegar el ala se sitúa en pequeño ángulo de flecha. La carrera de despegue es corta. Y ya en el aire, a la vista del público, las alas parecen plegarse para volver a extenderse sólo antes de aterrizar.

 

La aparición de los aviones de ala sagital variable obe­dece a dos exigencias aparentemente antagónicas: la gran velocidad de vuelo en combate y la pequeña velocidad al aterrizar. El ala sagital de gran ángulo de flecha es la que ofrece la menor resistencia en el vuelo rápido, pero no ase­gura suficiente fuerza de sustentación en el despegue y el aterrizaje. El avión con tal ala posee una gran velocidad de aterrizaje, lo que dificulta pilotarlo y exige largas pistas de despegue.

 

Ya antes de la Segunda Guerra Mundial el ingeniero ruso N.lajonin propuso combinar la pequeña velocidad de aterri­zaje con la máxima en vuelo variando la geometría del ala. Pero la solución real del problema se consiguió solo a me­diados de los años sesenta cuando aparecieron los primeros modelos viables de aviones que utilizan este principio.

 

Tanto el avión de despegue vertical corno los aparatos de ala sagital variable fueron valorados altamente por los especialistas de aviación extranjeros para quienes la exhibición de estos aparatos constituyó una verdadera sorpresa.

 

El corresponsal de la agencia France-Presse, por ejem­plo escribía:

 

"Según la opinión unánime de los especialistas militares occidentales se trata de una técnica que se encuentra a muy alto nivel. La mayoría de estos especialistas considera que este nivel ha podido ser alcanzado únicamente gracias a la vasta red de institutos científicos y laboratorios y a la existencia de una excelente base industrial aeronáutica".

 

El Flugwelt international de Alemania Occidental comunicaba:

 

"EI avión de despegue vertical se distingue por las buenas cualidades de maniobra durante el ascenso y el paso al vuelo horizontal. El ascenso y el paso transcurren con asombrosa rapidez".

 

El Interavia Air Letter, de Suiza:

 

"El piloto probador V. Mujin exhibió sin esfuerzo todas las fases del vuelo vertical y de rápida transición sin que se observase inestabilidad en los tres ejes. El avión de des­pegue vertical, el nuevo aparato de carrera corta de despegue y aterrizaje y los dos cazas de ala sagital variable (también de carrera corta de despegue y aterrizaje) han subrayado el propósito de los dirigentes militares soviéticos de dotar la aviación táctica con nuevos aviones de elevadas características capaces de actuar desde pistas cortas. El hecho de que todos estos aviones sean capaces de alcanzar la velocidad ultrasónica a gran altura y la velocidad subsónica a poca altura da que pensar a los Estados Mayores militares de los países occidentales, sobre todo de la OTAN".

 

Y, por último, Aviation Week, EE.UU.:

 

"La industria aeroespacial soviética y sus clientes mili­tares empeñan crecientes esfuerzos en elaborar nuevos avio­nes y la técnica de las operaciones en la guerra moderna no nuclear limitada. Casi todos los nuevos aparatos mostra­dos en Dornodedovo siguen esta dirección."

 

Es obvio comentar o polemizar con estos ecos. Al fin y a la postre, con mayor o menor franqueza reconocen algo fundamental e indiscutible: los aviones de despegue y ate­rrizaje vertical y los aparatos de ala sagital variable son una nueva palabra en la aeronáutica soviética y mundial.

 

Las Fuerzas Aéreas soviéticas progresan en ancho fren­te. En el desfile de Domodedovo se mostraron también aviones con pequeños motores instalados en el fuselaje para acor­tar la carrera (despegue asistido). Fue sensación la aparición de los novísimos interceptores de altura de doble quilla.

 

Poco después del desfile empezaron a aparecer un co­municado tras otro acerca de los records mundiales esta­blecidos en estos aparatos. El piloto A. Fedótov, Héroe de la Unión Soviética, alcanzó el 5 de octubre de 1967 la altura de 30.010 metros con una carga de dos toneladas. El piloto M. Somarov voló en circuito cerrado de 500 kilómetros a una velocidad media de 2.930 kilómetros por hora. El piloto P. Ostápenko en circuito cerrado de 1.000 kilómetros re­gistró una velocidad media de 2.910 kilómetros por hora con una carga de dos toneladas. Todos estos records se al­canzaron, como informó la prensa, en el interceptor mono­plaza de serie E-266, diseño de A. Mikoyán.

 

Los vuelos a velocidades superiores a tres mil kilómetros por hora originan un fuerte calentamiento de la estructura del avión: la temperatura del revestimiento llega a 300°. Por eso el aparato E-266 ha sido hecho de aleaciones espe­ciales termoresistentes y dotado de un complicado sistema de refrigeración.

 

En el desfile de Domodedovo fue muy impresionante también la exhibición de aparatos de la aviación civil. En­cabezaba la columna de aviones civiles de Aeroflot --la compañía de aviación más grande del mundo que en 1966 transportó en sus aeronaves 53.000.000 de pasajeros- el veterano Tu-104, primera nave reactora de pasajeros en nuestro país. Tras el desfilaron el Tu-114, el IZ-l8, el An-10, el An-24 y el Tu-124, aviones bien conocidos ya de nuestros pasajeros. Cerraban la columna nuevas aeronaves reactoras de pasajeros: Yak-40, Tu-134 e IL-62. Vale la pena que se habla de estos aviones detalladamente.

 

Como es natural, me referiré ante todo al aparato de nuestra oficina de proyección.

 

El Yak-40 se destina a ser explotado en líneas aéreas cortas de importancia local. Aunque nosotros las llamamos "cortas" y “locales" son precisamente estas líneas las más difundidas y las que, al penetrar en los lugares más apar­tados ponen el transporte aéreo al alcance de toda la población.

 

En la URSS, como en otros países una gran parte de los pasajeros de las líneas aéreas locales son transportados por ahora en aparatos lentos y anticuados con motor de explosión que requieren hace tiempo ser sustituidas. Se impone la necesidad del veloz avión reactor apto para ex­plotar en pequeños aeródromos de terreno natural. A mediados de los años sesenta en EE.UU. se organizó incluso un concurso especial de aviones para líneas aéreas locales. Pero no fue tan fácil resolver el problema. De los nueve proyectos presentados al concurso no fue aceptado ni uno.

 

Nuestra oficina ha construido el avión Yak-40, calculado para la explotación en aeródromos reducidos sin firme de hormigón y una pista de despegue hasta de 800 metros. Por el número de pasajeros, carga comercial y distancia de vuelo el Yak-40 es de la misma clase que los aviones Il-12, Il-14 y Li-2, pero desarrolla doble velocidad de crucero -550­-600 kilómetros por hora- y además está dotado del con­fort moderno. El Yak-40 se destina a líneas aéreas cortas de 600 a 1.500 kilómetros de extensión.

 

El Yak-40 no necesita escalas de aeródromo: en la parte de cola el avión tiene su propia escala abatible para los pasajeros.

 

EI Yak-40 va provisto de aparatos y dispositivos para los vuelos en malas condiciones meteorológicas. Los apara­tos de radio y de navegar permiten determinar con gran exactitud la situación del avión y tomar tierra con nubes bajas, en medio de la lluvia y de la niebla.

 

Para el constructor de aviones siempre es importante lo que opinan los pilotos de un nuevo avión. Recuerdo las declaraciones que hizo a un corresponsal de Yrauda M. Za­viálov, uno de los pilotos más destacados de la aviación civil:

 

- He volado muchos años en el Ártico. He pilotado el An-2 y el Li-2 en la Antártida. ¿Qué he de decirle del Yak-40 de 24 plazas? En las líneas aéreas locales esperan con ansiedad un avión así. La sencillez del An-2 y del V-2 se conjuga en el Yak-40 con la velocidad y el confort de los modernos aviones reactores...

 

El mariscal E. Lóguinov, ministro de Aviación Civil y piloto con gran experiencia de combate, empuñó la palanca de mando del avión Yak-40. Después del vuelo, dijo:

 

- Creo que a los pilotos les será fácil dominar el nuevo aparato. Tanto en las grandes velocidades del orden de los 600 kilómetros por hora como en las menores. El Yak-40 es sencillo, estable, maniobrable y yo diría que agradable de manejar…

 

Por cierto que en el extranjero se iran interesado mucho por nuestro avión. En el Salón de Aeronáutica de 1967 en Paris donde se exhibió el Yak-40 representantes de dis­tintos países occidentales esclarecieron la posibilidad de adquirirlo.

 

El Il-62, aeronave insignia de la aviación civil soviética, salió ya en el otoño de 1967 a las líneas internacionales de Aeroflot. Sustituyó al anticuado Tu-114 en rutas tan distan­tes como Moscú-Montreal y Delhi, tendió un puente aéreo entre Moscú, Roma y Paris.

 

EI Il-62 va dotado de cuatro potentes reactores dispues­tos de dos en dos a ambos lados del fuselaje. La reserva de combustible asegura el vuelo a la distancia de 9.000 kilómetros con una velocidad de cerca de 900 kilómetros por hora. En el salón caben 182 pasajeros que disfrutan de las como­didades necesarias en largas travesías.

 

Los tres aviones -el Tu-134, el Il-62 y el Yak-40 se dis­tinguen de los anteriores aparatos por varios rasgos gene­rales. Los motores van dispuestos por fuera en la parte de cola del fuselaje, lo que ha permitido disminuir el ruido en el salón de pasajeros y obtener una ala "pura" en el sentido aerodinámico. Y otro detalle: mientras en los aviones reac­tores de la primera generación se utilizaban tanto rnotores turborreactores como turbohélice; en los aparatos de la se­gunda generación se manifiesta claramente la tendencia a renunciar a los motores turbohélice y preferir los turbo­rreactores.

 

De este modo, en 1967 Aeroflot recibió toda una familia de nuevos aparatos: el Yak-40 de 24 plazas para líneas cor­las, el lTC-l34 de 72 plazas para líneas medias y el 11-62 intercontinental de 182 plazas, con un peso de despegue de 13, 14 y 150 toneladas, respectivamente.

 

En el desfile de Domodedovo causaron impresión los aviones de la oficina de diseño de Antónov. El avión An-22 llamado Anteo participaba por primera vez en un desfile aéreo, pero ya era bien conocido tanto en nuestro país como en el extranjero. En el Salón de Aeronáutica de Paris, donde fue exhibido (dos veces), atrajo la atención de los visi­tantes por las excepcionales dimensiones. La cabina de carga del avión tan espaciosa (en ella caben holgadamente varios omnibuses). El An-22 va provisto de cuatro motores turbohélice de 12.000 caballos cada uno. EI avión posee una colosal capacidad de carga como demuestran los records esta­blecidos el 26 de octubre de 1967. Aquel día la tripulación del An-22, encabezada por el benemérito piloto probador Davydov y llevando a bordo más de cien toneladas de car­gamento, alcanzó una altura de vuelo de 7.800 metros.

 

El desfile de Domodedovo transcurrió a elevado ritmo. Todos los presentes destacaron la pericia y compenetración de los pilotos y la buena preparación del material. Causó gran impresión en todos la parte final de la fiesta: el vuelo de varias columnas de aviones de combate de las Fuerzas Aéreas de la URSS. Cazas interceptores, bombarderos y porta cohetes supersónicos estratégicos sobrevolaron el aeródromo a gran velocidad en correcta formación. Pocos especta­dores podrían conocer el titánico trabajo y los tenaces en­trenamientos que había costado esta buena organización. Porque los centenares de aviones de diversos tipos que po­seen distintas velocidades de vuelo y despegan de decenas de aeródromos, alejados algunos a centenares de kilómetros de Moscú, debían coincidir con precisión cronométrica en un punto determinado. El más mínimo retraso o adelanto del tiempo calculado habría alterado la formación de los aviones. La desviación de unos segundos, insignificante en apariencia, podía llevar a los aviones, con la velocidad su­persónica, lejos del campo sembrado de espectadores. ¡Qué cálculos tan exactos, que tensión de voluntad exigió aquel vuelo masivo del personal del servicio de transmisiones y navegación; de los jefes y navegantes de las unidades y de los distintos aparatos! Pero en Domodedovo todo transcurrió magníficamente, como la seda.

 

El estupendo material aeronáutico exhibido aquel día en Domodedovo es fruto del abnegado esfuerzo de las grandes colectividades encabezadas por A. Túpolev, S. Iliushin, A. Mikoyán, V. A'iiásischev, P. Sujói, Antónov, G. Beriev, M. Mill, N. Kámov, A. Liulka, N. Kuznetsov, P. Soloviov, S. Tumanski y A. Ivcheuko. Yo me siento dichoso de que entre este material figurasen aparatos nacidos en nuestra oficina de proyección.

 

A diferencia de los anteriores desfiles aéreos en Domodedovo se organizó por primera vez una exposición de aviones en tierra. Estaba representada toda la trayectoria del desarrollo de nuestra aviación desde los viejos Po-2 e I-16 hasta los novísimos reactores. Se exhibían al público como preciosas reliquias de combate de la Gran Guerra Patria los legendarios cazas La-5, Yak-3 y MiG-3; los bombarderos Pe-2 y Tu-2; los aviones de asalto IL-2 e IL-10, todos los aparatos en que nuestros heroicos pilotos derro­taron a las hordas aéreas hitlerianas durante los años 1941­-1945.

 

Los numerosos stands ilustraban la historia del desa­rrollo de la aviación soviética, de la creación de los pri­meros aviones a chorro y ofrecían datos de los abundantes records establecidos por nuestros pilotos. Entre las mues­tras de la exposición figuraban modernos reactores. Estaban representados ampliamente también los aviones y helicóp­teros de la aviación civil desde el Mi-1 hasta el gigantesco helicóptero-grúa Mi-10, desde el trabajador del campo An-2 hasta la aeronave intercontinental IL-62 y el coloso An-22.

 

El diario Pravda del 10 de julio de 1967, decía: "El desfile aéreo de ayer ha mostrado diáfanamente que la aviación es una parte integrante inseparable del Ejercito y de la Marina de la URSS que por su pertrechamiento y la preparación de los cuadros de pilotos se encuentra al de­bido nivel dispuesta a cumplir hombro a hombro con los otros tipos de las Fuerzas Armadas soviéticas las misiones más complejas de segura defensa de la Patria frente a las maqui­naciones de cualquier agresor".

 

Gracias a http://militera.lib.ru

El texto original en ruso se encuentra aqui

 

HR_LeNoir / HR_Ootoito / HR_Grainovich

 
 

 

 

© RKKA