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ALEKSANDR SERGEEVICH YAKOVLEV
 
"LA META DE MI VIDA"
 

 

BIEN ESTA LO QUE BIEN ACABA

 

Después de haber sido nombrado en 1940 vice comisario del pueblo de la Industria Aeronáutica y especial­mente durante la guerra me llamaban con frecuencia, en ocasiones dos o tres veces por semana, al Kremlin para tomar parte en la discusión de los asuntos de aviación de los cuales se ocupaba a diario Stalin.

 

Yo siempre me presentaba a él con emoción, pero sin temor. En el curso de las reuniones y en la conversación personal expresaba libremente mi opinión.

 

Yo sentía su invariable confianza.

 

En general, teniendo en cuenta su suspicacia enfermiza y la rapidez con que mudaba de actitud para con la gente, esta constancia sorprendía a muchos.

 

En el verano de 1946, debido a lo abrumado de trabajo que estaba en la oficina de diseño, resolví pedir que se me relevara de las funciones de viceministro (por aquel tiempo los comisariados habían sido transformados ya en ministe­rios) de la Industria Aeronáutica. Para eso se necesitaba la conformidad de Stalin. Yo estaba preocupado por qué no sabía lo que el pensaría de mi petición.

 

El 8 de julio de 1946 Stalin nos llamó al ministro Mijail Jrúnichev y a mí. Jrúnichev dió cuenta de haber sido pues­tos a punto los cazas de producción en serie La-7, Yak-3 y Yak-9. Terminada la guerra había sido reducida a fondo su producción, pero continuaban los trabajos para perfeccionarlos.

 

Stalin preguntó cómo andaban las cosas con el bombar­dero Tu-2.

 

-¿No habrá que retirarlo de la producción? Piénsenlo y presenten proposiciones - dijo.

 

Después hizo varias preguntas sobre la producción de cazas:

 

- ¿Dónde vamos a hacer los cazas de reacción? ¿Es conveniente producir ahora al mismo tiempo el Yak-3 y el Yak-9? ¿Y si dejamos el Yak-9 nada más y la fábrica que lanza el Yak-3 la dedicamos a los cazas de reacción?, ¿Que otros asuntos tienen ustedes? -preguntó Stalin.

 

Jrúnichev informó que habían pasado ya más de cinco meses de la decisión del Gobierno de construir en una de las regiones una nueva Base de investigación científica, pero las cosas no marchaban, no facilitaban materiales ni obreros. Los organismos locales en vez de ayudar estorbaban. "No po­demos recobrar ni el personal enviado por el Ministerio", se quejó Jrúnichev.

 

- ¿Cómo es eso? -preguntó Stalin.

 

- El secretario del comité regional ha retenido allí tem­poralmente a los obreros de la construcción que nosotros mandamos, considera que son más necesarios en los trabajos de restablecimiento.

 

Stalin se irritó:

 

- ¿Quien puede estorbar? Ustedes son mancos, tienen una decisión del Gobierno, no la cumplen y temen además al secretario del comité regional. ¿Por qué no informaron antes?

 

Stalin ordenó a Poskrióbishev que lo pusiera en comunicación telefónica con el secretario del comité regional.

 

- Bien, ¿qué más?

 

Jrúnichev apoyó mi petición de relevo del Cargo de vice­ministro de la Industria Aeronáutica.

 

- ¿Por qué? -me preguntó Stalin sorprendido.

 

Dije que llevaba ya mucho tiempo trabajando en el Co­misariado del Pueblo y que mientras se libraba la guerra e inmediatamente después de su terminación no había consi­derado posible plantear la cuestión, pero que ahora, cuando estaban determinados los fundamentos de la reestructuración posbélica de nuestra aviación sobre la base de los aviones a chorro, pedía dar satisfacción a mi ruego. Era muy difícil compaginar el trabajo en la oficina de diseño y en el Ministerio y si continuaba en el Ministerio me retrasaría inevitablemente como constructor. Rogué encarecidamente que no se interpretara mi petición como una deserción y que se me relevase del trabajo en el Ministerio. Eso iría sólo en provecho de la causa porque yo soy constructor.

 

- Yo no pongo en duda que es constructor - indicó Stalin y, después de pensarlo un poco, añadió:

 

- Quizá tenga usted razón. Usted es ante todo cons­tructor y no sería razonable perderlo como constructor. ¿Cuántos años lleva trabajando en el Ministerio?

 

- Más de seis.

 

- ¿Qué le parece, ha trabajado bastante? - preguntó a Jrúnichev - ¿Y con quien lo sustituimos?

 

Mencione a Serguei Shyshkin, que era mi suplente en el Ministerio y jefe del ICAH.

 

- Es un científico eminente y un buen organizador.

 

- Un científico está bien. Hay hombres con muchos conocimientos, pero no son organizadores, no saben aplicar sus conocimientos y organizar a la gente. Pero si además de científico es organizador eso está muy bien. ¿Y usted que cree? - preguntó Stalin a Jrúnichev.

 

Jrúnichev se adhirió a la característica que yo había da­do de Shyshkin, pero expresó el temor de que Shyshkin se opusiera a tal nombramiento.

 

- ¿Por qué?

 

- Porque será un estorbo para su trabajo en el ICAH. - Pero Stalin dijo.

 

- ¿Cómo va a ser un estorbo? Al contrario, eso será bueno.

 

Al día siguiente recibí dos documentos firmados por Sta­lin. Uno sobre mi ascenso a general coronel; el otro era una disposición del Consejo de ministros de la URSS que decía:

 

"El Consejo de ministros de la URSS dispone:

 

Satisfacer la petición del camarada A. Yákovlev de que se le releve de las funciones de viceministro de la Industria Aeronáutica para asuntos generales en vista de su gran trabajo como diseñador para la construcción de nuevos aviones.

 

Felicitar al camarada A. Yákovlev por los seis años de labor dirigente en el Ministerio de la Industria Aeronáutica a la par de su trabajo personal como constructor.

 

EI Presidente
del Consejo de Ministros de la URSS
J. Stalin

El Secretario
del Consejo de Ministros de la URSS
Y. Chucláev".

 

 

Ahora podía consagrar todas mis fuerzas y tiempo a la labor de proyección aunque no me había liberado totalmente del trabajo en el Ministerio: conserve el puesto de presi­dente del Consejo Científico.

 

En el periodo de los años 1946-1949 nuestra oficina de diseño creó y se montó la producción en serie de los aviones a chorro Yak-15 y Yak-17, el planeador pesado de desem­barco Yak-14, el caza escuela Yak-11, el avión de adies­tramiento inicial Yak-18 y el caza de reacción Yak­ 23.

 

Y después de todo esto sentí de pronto a mí alrededor un ambiente de disimulada e incomprensible animosidad. En el verano del año 1949 los síntomas de animosidad se hi­cieron evidentes. Me entere de que Beria intrigaba contra mí y trataba de minar la confianza que me tenía Stalin.

 

Cada día era más difícil para mi recibir nuevas tareas.

 

Finalmente me asestaron el primer golpe. El pretexto fue lo ocurrido con el avión ligero Yak-12, el "automóvil aéreo", uno de mis mejores aviones que durante muchos años presto y presta útiles servicios a la Patria.

 

Una tarde de la primavera de 1950 me telefoneó Nikolái Bulganin, a la sazón vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS y ministro de Defensa; dijo que hablaba con­migo por encargo de Stalin que le había pedido aclarar si no me comprometía yo a crear un avión capaz de despegar de las explanadas más pequeñas y sin preparar, y de elevar a uno o dos pasajeros además del piloto.

 

- El camarada Stalin ha pedido que le transmita que el recorrido del avión al despegar no debe ser mayor de cincuenta metros -dijo Bulganin.

 

Posteriormente me entere de lo que había motivado este encargo. Stalin leyó en alguna parte que hasta los últimos días Hitler había mantenido el enlace desde Berlín cercado con el mundo exterior mediante un avión ligero Storch. Este avión aterrizaba en la misma calle cerca de la Puerta de Brandenburgo, en las inmediaciones de la cancillería del Reich en cuyos sótanos se escondía Hitler. Stalin pensó que sería bueno tener un avión semejante que, sin exigir aeró­dromos, pudiera ser utilizado ampliamente en la economía nacional en las condiciones de paz.

 

- El camarada Stalin ha dicho que usted es especia­lista en aviones ligeros y esta tarea le será más fácil que a otros constructores. Piénselo y denos la contestación dentro de dos días -concluyó Bulgauin.

 

No sé porque se tenía tanta prisa en este asunto. A la noche siguiente, sin aguardar el plazo, volvió a telefo­near Bulganin:

 

- ¿Qué tal? ¿Ha pensado lo del avión ligero?

 

Por suerte, yo ya había estudiado el asunto y pude responder positivamente.

 

Literalmente a los dos días, el 6 de abril de 1950, recibimos la decisión del Gobierno que encargaba a nuestra oficina de proyección crear semejante aparato en muy breve plazo.

 

No pasó mucho tiempo y en uno de los desfiles de Tú­shino se exhibieron diez aviones construidos en virtud de esta tarea del Gobierno y que recibieron la denominación Yak-12.

 

Los aviones fueron colocados frente a las tribunas del Aeroclub; cuando les llegó el turno ganaron altura casi sin carrera y después de un pequeño círculo aterrizaron en el mismo sitio.

 

La exhibición causó gran impresión a todos. A Stalin también le gustaron los aviones. Cuando después del des­file, en septiembre de 1951, Stalin se fue a descansar al Cáucaso, al distrito de Tsjaltubo donde tenía su chalet, quiso que le llevasen diariamente la prensa y el correo en aviones Yak-12.

 

Hay que decir que el chalet se encontraba en una cañada en forma de embudo en medio de altas y abruptas montañas.

 

Stalin midió a pasos una explanada de cincuenta metros delante de la casa, pero cuando llegó el piloto en un Yak-12 no pudo aterrizar allí. Las montañas eran demasiado escarpadas y no había manera de planear en el embudo del desfiladero. Entonces se envió un helicóptero Mi que des­cendió casi verticalmente y aterrizó sin novedad.

 

Stalin se indignó:

 

- Pero si a mí el propio Yákovlev me dijo que el Yak-12 sólo necesita cincuenta metros para el despegue y el aterrizaje.

 

Por pura coincidencia aquel mismo día dos generales marcharon de caza en un avión Yak-12 puesto a su dispo­sición por el hijo de Stalin, Vasili, que en aquel tiempo tenía a su mando la aviación de la Región militar de Moscú.

 

Los generales aterrizaron sin novedad en una pequeña pradera. No sé cómo cazaron allí, pero cuando regresaron, tras haber cargado en el avión sus trofeos de caza y la impedimenta, al despegar el avión capotó debido a una grosera tracción de la disciplina de vuelo por el piloto, un joven inexperto. No sucumbió nadie, pero uno de los generales sufrió serias lesiones.

 

Este asunto lo desorbitó Vasili que, temiendo la res­ponsabilidad por lo ocurrido y deseando cargar en cabeza ajena su culpa por el accidente, se puso a pregonar donde pudo las "malas" cualidades del avión.

 

Beria utilizó el suceso de los generales telefoneando sin tardanza a Stalin, que se hallaba en Tsjaltubo y añadiendo leña al fuego. Stalin ordenó a Beria y Bulganin practicar una investigación y pedirme explicaciones.

 

Eso fue suficiente para, sin llegar a comprender el asunto y sin aclarar las verdaderas causas ni por qué el Yak-12 no había podido aterrizar en el distrito de Tsjaltubo ni por que había ocurrido el accidente de los generales cazadores, meter mano al avión y al constructor.

 

Bulganin me llamó en el acto. En tono grosero puso como un trapo el Yak-12; me acusó de haber hecho que se adoptase para la producción en serie un avión a sabiendas inservible y de haber engañado al Gobierno. Bulganin me advirtió que me preparase para dar explicaciones en la Pre­sidencia del Consejo de Ministros.

 

A la mañana siguiente se reunió la Presidencia. Presidia Beria y asistían Malenkov, Bulganin, el viceministro de la Industria Aeronáutica Dementiev, el lugarteniente del co­mandante en jefe de las Fuerzas Aéreas Agaltsov y varias personas más.

 

Beria leyó un proyecto de disposición en el que se decía que el avión Yak-12 no correspondía por sus cualidades a la tarea del Gobierno y que era retirado de la producción en serie por el gran número de defectos que tenia.

 

- ¿Está usted de acuerdo? -me preguntó Beria.

 

Yo me sentía muy apesadumbrado, pero me levante y respondí:

 

- No estoy de acuerdo.

 

- ¿Porque?

 

- Porque eso no es verdad.

 

- ¿No es verdad, que?

 

- Que el avión no corresponde a la tarea del Gobierno y que tiene gran número de defectos.

 

- ¿Cómo que eso no es verdad? Lea – Beria señaló con el dedo el papel.

 

- Lo que aquí está escrito no es verdad. Que digan los camaradas Dementiev y Agaltsov si existen en el Ministerio y en las Fuerzas Aéreas reclamaciones contra el avión Yak-12.

 

Dementiev y Agaltsov, a pesar de la situación tan tensa, confirmaron mis palabras: no se había recibido ninguna re­clamación por defectos del avión Yak:-12.

Esta circunstancia no conturbó a Beria, que declaró:

 

- Bueno, es igual, se puede borrar lo de los defectos - Y dirigiéndose a Bulganin - Pero el avión lo retiraremos de la producción.

 

- Eso es cosa suya - dije - pero será injusto porque es un avión bueno.

 

- El asunto está claro, puede retirarse - dijo Beria.

 

Salí del Kremlin anonadado por la consciencia de que se había cometido una injusticia y se había pisoteado la ver­dad evidente.

 

Así fue como en 1951 se suspendió la producción de avio­nes Yak-12.

 

Pasaron dos años. En marzo de 1953 falleció Stalin, en julio fue detenido Beria y en septiembre fui llamado ines­peradamente a presencia de Bulganin en el Ministerio de De­fensa, en la calle de Frunze. En la antesala aguardaban el comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas Zhigarev, el co­mandante en jefe de la Defensa Antiaerea Vershinin y De­mentiev. A los pocos minutos un ayudante nos invitó a entrar en el despacho del ministro.

 

Bulganin nos recibió tras una larga mesa y nos ofreció asiento. E inmediatamente, sin ningún preámbulo, con agra­dable sonrisa, dijo:

 

- Bien, ¿qué tal, Alexandr Sergueevich? Dicen que el Yak-12 es un buen aparato.

Me quede atónito y no despegue los labios. Bulganin se dirigió a Zhigarev y Dementiev:

 

- ¿Qué les parece? ¿Es buen aparato?

 

- Si, Nikolái Alexándrovich - respondieron al unísono. - Entonces, ¿qué hacemos? ¿Restablecemos la produc­ción del Yak-12?

 

Todos los presentes, incluyendo K. Vershinin; apoyaron esta proposición.

 

- Bien, todo está claro – dijo Bulgauin, y dirigiéndose a Dementiev, añadió - Prepare junto con Yákovlev la deci­sión del Gobierno de reanudar la producción en serie del Yak-12.

 

En 1951 se producía en serie y se encontraba en el arsenal de las Fuerzas Aéreas el caza MiG-15, principal caza a chorro y de ala sagital en nuestro ejército. Era un buen aparato.

 

Nosotros elaboramos entonces algunas variantes de nue­vos cazas de ala sagital, pero todas nuestras proposiciones eran rechazadas por Stalin:

 

- Tenemos el MiG-15 que es un buen aparato y carece de sentido crear en los próximos tiempos nuevos cazas. Vale más modernizar el MiG.

 

A mí me alarmaba mucho la situación creada en nuestra oficina de diseño. Porque a mis espaldas se hallaban cen­tenares de personas que podían perder la fe en mi como director de la colectividad de proyectistas. Comprendía también que si se limitaban todos los trabajos experimentales a modernizar los aparatos de producción en serie existentes y no se creaban nuevos modelos de mayores perspectivas en muy poco tiempo nos quedaríamos rezagados. Día y noche me atormentaba entonces este pensamiento: ¿Que hacer?

 

Yo sentía que era preciso crear algo cualitativamente nuevo. En aquel periodo intime con el constructor de mo­tores Alexandr Mikulin. Consideraba y sigo considerando hasta hoy que era entonces el constructor de motores de aviación más avanzado y sagaz, pues sus motores de reac­ción AM-3 y AM-5 fueron durante largo tiempo la base energética de la aviación soviética.

 

Como decía, en los años 1.950-1951 se nos ocurrió a los dos la idea de crear un motor reactor ligero y económico. Mikulin sugirió que un motor a chorro de pequeñas dimensiones sería más eficaz desde el punto de vista económico, fiabilidad y otros aspectos. Yo le apoye.

 

Mikulin empezó a trabajar en un motor reactor de pe­queño tamaño con una fuerza de tracción de 2.000 kilogramos. Yo decidí diseñar para este motor un avión que, además de buenas cualidades tácticas y de vuelo, poseyera una gran duración y radio de vuelo, cualidades que no tenían otros cazas a chorro en aquel tiempo, tanto en nuestro país como en el extranjero. Entonces se consideraba que los mo­tores reactores son muy poco económicos por el consumo de combustible y por eso si podía hablarse de suficiente duración y radio de vuelo para los aviones pesados bombar­deros con una gran reserva de combustible, para los cazas a chorro el aumento del radio y duración parecía un obstácu­lo insorteable. Nosotros logramos proyectar un avión con dos motores de Mikulin (denominados posteriormente AM-5) que tenía el doble de duración y radio de vuelo que los MiG. La tripulación constaba de dos hombres y el aparato portaba potente armamento: dos cañones de 37 milímetros con gran reserva de munición.

 

Para aquel tiempo era una innovación en el verdadero sentido de la palabra. Decidí no tramitar esta propuesta por las instancias habituales -el Ministerio y las Fuerzas Aéreas- sino escribir directamente a Stalin. No tenía otra salida: temía que mi propuesta pudiera atascarse si seguía los cauces corrientes.

 

A los tres o cuatro días de remitir la carta me llamó Mijail Jrúnichev, ministro de la Industria Aeronáutica. Jrúnichev comprendía perfectamente la grave situación crea­da y trataba de aliviar mi posición, pero no podía hacer gran cosa.

 

Entro en su despacho. Está solo. Se levanta de detrás de la mesa con bondadosa sonrisa.

 

- Acaba de telefonear Stalin. Ha recibido y leído tu carta. Ha dicho que la proposición es muy interesante. Se sorprende de que prometas un caza con tal radio y duración de vuelo. Ha pedido estudiar también la posibilidad de utilizar tu avión como interceptor de patrulla para todo tiempo y ha prometido apoyar tu propuesta. Ha dicho que trabajes en esta idea y que te recibirá dentro de unos días.

 

Y, en efecto, a los dos días Stalin nos llamó a Jrúnichev, Artiom Mikoyán y a mí.

 

En el despacho de Stalin se hallaban Bulganin, Beria y Ma­lenkov. Stalin tomó de la mesa mi carta y la leyó en voz alta.- ¿Que dicen ustedes? -dijo-. Entonces, ¿con un mo­tor reactor también se puede hacer un caza de gran radio y duración de vuelo? Es muy importante. ¿Y cómo piensa conseguirlo?

 

Explique que esta propuesta se había podido hacer sólo gracias a nuestro trabajo en colaboración con Mikulin, que el motor de este combinado con algunas peculiaridades del diseño del avión, permitía encontrar una solución tan afor­tunada. Stalin aprobó plenamente en principio la propuesta, pero dijo que este avión había que lanzarlo en la variante de interceptor de patrulla.

 

- Necesitamos un interceptor que pueda permanecer largo tiempo en el aire y descubrir al enemigo tanto de día como de noche y con mal tiempo. Hemos encargado tales cazas a Mikoyán y Lávochkin, pero algo no les ha salido, su duración de vuelo es menor que la que usted propone.

 

En efecto, poco antes habían sido construidos y probados los cazas interceptores pesados marca La-200 e I-320. No conozco exactamente, mejor dicho, no recuerdo los motivos por los cuales fueron desechados en las pruebas estos dos cazas. Pero no era eso lo importante. Lo importante era que el país necesitaba un caza interceptor de patrulla noc­turno y para todo tiempo y no lo teníamos.

 

Respondí que Mijail Jrúnichev me había transmitido ya el encargo, que trabajábamos en este sentido y que, por lo visto, no surgirían dificultades, sobre todo teniendo en cuen­ta que en mi avión los motores iban dispuestos bajo las alas y de esta manera en el morro del fuselaje quedaba mucho sitio para colocar un potente radar que por aquel entonces habían creado nuestros constructores de radiodetectores.

 

A Stalin se le ocurrió en el acto el siguiente pensa­miento: ¿no se podría utilizar este aparato como avión rápido de reconocimiento? No hice ninguna objeción.

 

Después de acordar en principio resolver positivamente todas estas cuestiones, Stalin dijo por último que también había recibido una proposición de Artiom Mikoyán que quería crear con los mismos motores de Mikulin una varian­te de caza estratégico sobre la base del avión en serie MiG-17.

 

- Bueno. Tendremos un interceptor y un avión rápido de reconocimiento también, eso lo hará Yákovlev y a Mikoyan le entregaremos el caza estratégico -concluyó Stalin.

 

Ni que decir tiene que volví muy contento a mi oficina de diseño.

 

Desplegamos una intensa actividad en el estudio a fondo de las principales cualidades y características de los aviones que nos habían encargado y también para confeccionar y concordar con numerosas organizaciones similares el proyecto de disposición del Gobierno. Nos apremiaban.

 

El 30 de julio volvimos a reunirnos las mismas personas en el despacho de Stalin para examinar y confirmar el proyecto de disposición sobre la construcción del motor AM-5, modelo de Mikulin, del interceptor a chorro de patrulla nocturno y para todo tiempo, biplaza Yak-25, de una modificación de este mismo aparato, el avión de reconoci­miento Yak-25R y también de un caza que sirvió de base para el conocido caza MiG-19.

 

El proyecto de disposición había sido enviado a Stalin anticipadamente. Él lo conocía ya y, sin hacer casi ninguna observación, declaró que no tenía objeciones.

 

En este momento Beria abrió su carpeta y sacó un documento.

 

- Camarada Stalin -dijo-, aquí tenemos otra propo­sición del constructor Lávochkin.

 

- ¿Que proposición? -preguntó extrañado Stalin-. No sé nada de ninguna proposición de Lávochkin.

 

A lo que Beria respondió adrede con tono indiferente deseando subrayar su imparcialidad:

 

- Pues la mandó hace tiempo. Es un interceptor ex­cepcional. Y está adaptado para vuelos nocturnos y a ciegas. Aquí se explica en tres páginas. -Y empezó a leer-: "Radar, emisora y brújula de radio, sistema de aterrizaje a ciegas", etc., etc. Una lista entera. Propone construir este aparato sobre la base del caza La-200.

 

Todos los aparatos enumerados por Beria son obligatorios en cualquier interceptor y los poseía también el que yo proponía, pero Beria necesitó representar toda esta escena e impresionar a Stalin con una larga lista de aparatos sola­mente para torpedear mi propuesta y demorar la toma de decisión, en una palabra, para ponerme la zancadilla.

 

Stalin se enfureció.

 

- ¿Por qué no informaron? -preguntó a Jrúnichev.

 

En el primer instante Jrúnichev se desconcertó, pero luego respondió que él La-200 ya había sido desechado una como defectuoso a todas luces y por eso no podía ser­ de base para un nuevo avión. Y todos los aparatos men­cionados los tenia también el interceptor Yak-25.

 

Stalin no quería oír nada, sólo repetía enardeciéndose por momentos:

 

- ¿Por qué no informaron? ¿Por qué no informaron?

 

Finalmente, Mijail Jrúnichev logró explicar que la pro­puesta de Lávochkin se discutió en el Ministerio y no había sido aprobada fundamentalmente porque Lávochkin propo­nía utilizar su caza desafortunado y rechazado. Posteriormente Lávochkin logró el permiso para realizar este trabajo, pero el aparato no le salió.

 

Yo sentí un miedo terrible por mi asunto y sobre todo por Mijail Jrúnichev. En aquel tiempo no había nada peor que aparecer como engañador a los ojos de Stalin. Y este, sin sosegarse, seguía interrogando a Jrúnichev:

 

- ¿Por qué no informaron?

 

Como si Jrúnichev hubiera ocultado deliberadamente la propuesta de Lávochkin. Stalin comprendió por fin el asunto - dijo:

 

- No modificaremos la decisión tomada. Y la propuesta de Lávochkin se puede examinar aparte.

 

EI proyecto de disposición presentado ya estaba apro­bado, pero al firmarlo Stalin de pronto me dijo:

 

- ¿Y por que aquí al final está escrito que para cons­truir el avión se le permitan los trabajos extra y a tanto alzado y se asignen sumas para premios? ¿Por qué hay que darle esos privilegios? ¿Sabe usted lo que dicen a sus espal­das? Me han dicho que es usted un aprovechado.

 

- Le han informado mal - respondí.

 

A Stalin se le fue otra vez el santo al cielo:

 

- ¿Cómo que me han informado mal?

 

- Si, porque todos los constructores disponen de fondos para trabajos extra, a tanto alzado y premios, tanto Tú­polev como Iliushin, Lávochkin y Mikoyán. Eso no es una excepción de la regla. Al contrario, la excepción de la regla es que en los dos últimos años nuestra oficina de diseño no ha tenido nada de eso mientras que todos los demás lo han tenido y lo tienen.

 

- ¡Cómo! -preguntó sorprendido Stalin.

 

Trúnichev confirmó que así era efectivamente. Entonces Stalin, que continuaba irritado, me dijo:

 

- Quiero que usted sepa lo que dicen a sus espaldas.

 

- Gracias por habérmelo dicho. ¿Qué quejas hay con­tra mí?

 

- Me dijeron que usted, aprovechándose de que es vice­ministro, se ha creado la fábrica más grande.

 

- Es una calumnia. Mi fábrica es la más pequeña. Stalin se dirigió a Jrúrinichev:

 

- ¿Es así?

 

Jrúinichev sacó del bolsillo un cuadernito que siempre llevaba encima donde tenía anotados todos los datos necesarios sobre las áreas de producción de las distintas fábricas, la cantidad de maquinaria, mano de obra, etc., y dijo:

 

- Es cierto, camarada Stalin. La fábrica de Yákovlev es la más pequeña.

 

- Dicen que usted ha arramblado con muchas máquinas.

 

- Tampoco es cierto. Tengo menos que ningún cons­tructor -respondí.

 

Jrxinichev volvió a confirmar que yo había dicho la ver­dad mencionó el número de máquinas de nuestra oficina de diseño y para comparar el de las oficinas de Túpolev,

Mikoyán, Iliushin y otros.

 

- Dicen que usted ha acaparado instalaciones de labora­torio que no tiene nadie.

 

- Eso tampoco es verdad. No tengo nada que no tengan otros.

 

Y de nuevo Jrúnichev confirmó la exactitud de mis palabras.

 

- ¿Cómo es eso? -dijo Stalin calmándose poco a poco - Yo tenía una información muy distinta. Es raro...

 

- Es una información capciosa inventada para minar la confianza en mí. A propósito, me suponía la posibilidad de tales acusaciones y por eso cuando trabaje primero en el Comisariado y luego en el Ministerio no hice nada que permitiera más tarde lanzarme ni uno de los reproches que me ha hecho usted.

 

- ¿Y no recibieron premios en los últimos años?

 

- En absoluto.

 

- No entiendo nada - se sorprendió Stalin y, para asombro de los presentes, dijo a Jrúnichev y Bulganin:

 

- Bueno, si es así hay que darle condiciones no peores que a los demás. Ha hecho mucho para nuestra aviación y lo hará todavía. ¿Verdad que hará? - me preguntó ya son­riendo.

 

Del Kremlin marche al Ministerio junto con Jrúnichev. Me estrechó con fuerza la mano y me dijo:

 

- Me alegro infinito por ti. Haz ahora un buen apa­rato y todo irá como la seda.

 

A comienzos de 1953, poco antes de la muerte de Stalin, Jrúnichev que le había visitado me transmitió que Stalin se había interesado por mi interceptor y le había dicho que apresurase las pruebas.

 

El avión Yak-25 resultó un acierto. Pasó las pruebas ofi­ciales con calificación positiva y fue adoptado para la pro­ducción en gran serie.

 

Gracias a http://militera.lib.ru

El texto original en ruso se encuentra aqui

 

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